lunes, 10 de agosto de 2026

Décimas al devenir (primavera 2018)


                                                     “sín título”, Julio Jara Werth


Décimas al devenir

Por Pedro Cuivico

Temuco-Primavera de 2018


I


Quisiera sentir éxtasis,

el que lleva a los viejos

entregar el pellejo

cuando la vida en crisis

del silencio es síntesis,

y prolongar en palabras

fugaz destello de sombras

sosteniendo lo eterno

de verano a invierno

de todo ser sus obras.




II


Materia es movimiento

y al margen de los dichos

en la calle o en nichos

en tierra o firmamento

vidai muerte complemento

son de la misma reyerta

donde pala y ballesta

las empuñan pa sus fines;

pa que’n todos los confines

florezcan sus huertas.








III


Preguntarse por la vida

no es habitual oficio

más bien resulta resquicio,

entre labranzas sentidas

y comidas compartidas;

entre carretes en casa

y las horas que se pasan

haciendo infinitas

conversaciones y citas

junto a jarras sin asa.





IV


Los álbumes de fotografías

el transitar por las calles

el hallar siempre el talle

en la urbana travesía

de la diaria ambrosía

traduce lo que es vida

en entradas y salidas

que en el ir consumando

lo reflexivo van dando

lugar a lo que es vida.







V


El viento va donde quiere

cada cual le puede oír

más nadie puede advertir

el lugar donde naciere

ni destino que siguiere.

Así es con los nacidos:

del Espíritu paridos

según escribió San Juan;

y sin prisa atestiguan

los versos y lo vivido.


La chica del kiosco



Mari mari kom pu wenuy! en esta ocación comparto con ustedes un poema que fue seleccionado para formar parte del libro "Voces Diversas Antología Literaria Comunitaria" del año 2024. Espero lo disfruten:

La chica del kiosco

Enmarcada en aluminio,
postal de dulce mujer,
recibe y comunica,
atiende y cobija 
con atemporal parsimonia
a quién inaugura
los escuetos telegramas
del intercambio monetario.

A través de la pequeña caja de luz,
su cuerpo se desplaza
como el viento;
sus finas manos
recorren estantes,
abren puertas,
manipulan instrumentos,
digitan números, acciones,
como si acariciaran la espuma,
como si el follaje susurrara
por sus yemas de aire.

Los frutos envueltos
en plástico, metal o papel
se vuelven pájaros en su poder,
y solo una vez que han anidado
en nuestras manos,
el gusto y el olfato encuentran
el reconfortante café,
el crujir de unas galletas,
el cotidiano pan,
el embriagador dulce,
el áspero frescor de una bebida,
o la etérea arquitectura
de unas papas fritas.